El hecho de que exista "La ley de la conservación de la materia"
te hace ser alguien parcialmente nuevo cada día.
Entonces, en aproximadamente 1000 años atrás, aún existíamos,
y en alguna parte de aquel universo, habría algún átomo que ahora
pertenece a nuestro cuerpo.
Cuando un alguien, se dice parecido a otro alguien, es porque quizá,
mientras dormía, alguno de sus componentes se desprendía de la
masa gigante que conforma y se transportó por el airé. Gracias a la
gravedad, pudo viajar para formar parte de otra masa.
La energía de un clima cálido, nos aporta una energía positiva y
gracias a ella, somos capaces día a día de levantarnos dispuestos a
continuar un camino.
En cambio, un día nublado, en el que el sol ha desaparecido y con él
la energía positiva que irradia su calor, nos incita a quedarnos inertes,
acostados en la cama; como si la noche aún no hubiera terminado.
Por último, la gran entropía que nuestro cuerpo almacena, ya sea
por pensamientos que tuvimos de un instante a otro o por la emoción
que nos ocasionó pensar en alguien que nos atrae.