miércoles, 3 de diciembre de 2014
Los sueños constantes con suicidios, siempre me llamaron la atención.
La mitad de mi cerebro, creía que era solamente lo que se te había quedado en la cabeza durante el día. Y el otro lado, sabía que había algo más que sólo escuchar sobre esos temas.
Eran las 7:00 a.m. y desperté a preparar pan Francés; después de media hora, estaba sentada en una silla del segundo piso y una mujer sentada a mi lado platicando sobre la vida; dijo que apenas había bebido un shot y una cerveza.
Cinco minutos después o menos, la vi levantarse, echándose a correr sin ningún remordimiento.
Tres minutos después, estoy segura; la vi caer desde el cuarto piso. Hubo varios comentarios fuera de lugar, mientras que lo único que pasó por mi cabeza, fue correr a pedir auxilio.
Al regresar, ella mencionó unas de sus últimas palabras: "No creo soportar esto".
Ese mismo día por la noche, estaba preparando una bebida con el licor que alguien decía: sabe a perfume.
¿Cómo es posible que un perfume sepa a lo que hueles?
Entonces bebí. Bebí. Bebí. Hasta despertar. Eran las 10:36 a.m.
Aún no recuerdo si sabía a un perfume, pero tenía esa consistencia exacta para detenerse en tu garganta y no dar paso a nada más.
Ahora pienso: Imagina que aquella mujer, hubiera bebido una cerveza más.
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