y ni una persona sentada en ellas disfrutando el haber muerto.
Entre todo, había aviones con personas rezando por su vida.
Que a propósito, uno de ellos, hizo derramar té en mí.
Uno de cuatro vuelos, en el que cambié música por charla.
Uno de cuatro vuelos, que cambié asiento en el pasillo por asiento
en ventana.
Dos vuelos, que disfruté ver a cada persona que caminaba a su asiento.
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