domingo, 6 de agosto de 2017

XVI

Llora por todo lo que te hace triste.
Por lo que te angustia y por lo que te pone feliz.
Nunca te guardes las cosas.
Externa tu esencia.
Disfruta a las personas que están.
Y a las que se van, desea el bien.

Come todo lo que te apetezca, duerme 16 horas.
Ve la Luna y acuérdate de mí.
Toma un té para el estrés.
Duerme. Pero antes, sal a fumar al parque.
Disfruta el viento de la noche y el frío.

Mírate al espejo sin ropa y piensa en todo lo que yo adoro verte así frente a mí.

Busca cabellos míos entre tu ropa y piensa en que
seguro yo, también lo estaré haciendo.


Equilibrio

El frío nunca fue causante de problemas.
Me hacía sentir y a veces menos que a los demás.
Aprendí que cuando hace frío debo traer chamarra.
Era una convicción extraña para ser aceptada.

Nunca imaginé que una persona pudiera
dar o quitar calor.

Equilibrarte.

Cuando las moras caían de los árboles,
explotaban y dejaban huella. Esa huella cubría el calor.
Tú lo cedías a ellas y ellas a mí.

Escribí tu nombre con esas moras.
Y nunca se me olvidó.
Ahora esperaba a que la primavera llegara de nuevo.
Para así, escribir tu nombre y sentir tu calidez.