Me senté a mitad de la calle,
esperé que alguien atropellara mi cuerpo pesado
y se fuera sin miedo de lo que había hecho.
Evidentemente nadie quiso hacerlo.
Me levanté y vi cómo la basura volaba,
cómo una paloma comía restos de comida;
sentí ser aquello que rodeaba al mundo en vano.
Aparentemente nada hacía diferencia.
Recargué mi cráneo en un auto,
el cual se alistaba para arrollarme.
Me quité los lentes y cerré los ojos.
Sentí que todo había oscurecido.
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