lunes, 30 de noviembre de 2015

No se trata de hundirte

La noche anterior desperté de madrugada,
a mi lado había una señora hincada, rezando.
Intentaba comunicarme con ella, y al fijarme,
no tenía oídos, tampoco brazos.

Aquella voz, provenía de una grabadora gris,
que por cierto nunca había visto en mi hogar.
Parecía como un disco en repetición que no acabaría.
Cuando intenté poner los pies en la tierra, me hundí.

Correr fue una estrategia que no funcionaría;
pues aquella señora, se había encargado de atar
mis manos a una de las suyas.
Comprendí que debía estar con ella por un rato.

Al terminar de sonar aquella grabación,
una luz se prendió y por segunda ocasión, rezó;
pero esta vez, era un idioma que no recuerdo.
La vida se conforma de pesadillas, dijo.

Sin pesadillas todos estaríamos muertos,
pues ellas nos ayudan a saber qué es real.
Contamos cuentos y metáforas a niños de 8 años.
Despreciamos nuestro potencial de vivir.

Muchas cosas suceden para no ser contadas.
Subo escaleras diario para llegar a esa señora.
Esta vez, decidió acostarse a mi lado, ahora,
sin mencionar ni una sola palabra.

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