sábado, 9 de abril de 2016

I.
Quiero pedirte que me dejes decirte que te quiero aquí, para besarte.
Besarte y sentirte, que eres real y que no estás tan lejos.
Recuerdo que estabas dispuesta a escalar cualquier árbol.
Llamar a algún animal que te guiara por la noche; que te llevara a mí.

En mi mundo no existían los periodos y tú me enseñaste a cómo utilizarlos.
Un periodo seguido de verte, otro para esperarte, uno que me guiara a ti.
Empezamos a buscarnos y nos llevaron por caminos separados.
El camino que tomaste, te guiaba a un lugar mucho mejor.

Escuché las migajas que caían de tu boca después de masticar tabaco.
Me contabas que sabe a lo que se siente tener mis manos en tus piernas.
Te gustaba, pero yo dudaba. Alejaba mis manos de ti y las amarraba.
El camino que yo tomé, me guió a donde solías estar.

No estabas más. Todo parecía pasto seco.

II.
Entonces buscaba gusanos que su piel me recordaran a ti.
Los pintaba de colores, los ponía a un lado mío y lloraba.
Le pedía a algún Dios que te trajera a mi lado, le pedía que existieras.
Segundos después, te encontraba con los pies en la cabeza y ojos en el estomago. 

Me implorabas que quitara el peso de tus manos, para que pudieras respirar.
Estábamos a temperatura absoluta y aún no podía callarte. Te sentía. 
Dibujaste en el suelo círculos similares a los ojos de un gato, luego te los pusiste.
Me imploraste una vez más que te ayudara a quitar todo peso que nos separara. 

Te sentía en mis brazos delgados que se convertían en venado,
siendo capaces de besar tu cuerpo que me abrazaba fuerte.

Sentía que sentías mi luz en tus ojos.

Te encandilaba.

III.

Aquel árbol que subías por mí, alguien lo había derrumbado.
Quise visitarte y el camino ya no era el mismo. 
"Escribe sobre escribir, pero escribe"; fue lo último que te dije,
lo recordabas cada vez que querías, y escribías sobre mí, sobre lo que fuera.

IV. 

Desapareciste.